Sobre Apología y Critón Strūthiō 035
Parte de:
«Sobre la Apología de Sócrates y el Critón de Platón» / II

Leōnardus Strūthiō (1899-1973)
ĒRVDĪTIŌRIBVS ***
Versiō hispānica Aemiliā Aquadītī auctrīce 35
Las Leyes no responden a la justificación de Sócrates y Critón. En cambio, se las hace replicar con la pregunta, reconocidamente extraña, acerca de si ellas y Sócrates no habían acordado que se deben acatar los dictámenes de los tribunales de la ciudad. Como Sócrates no contesta, repiten su afirmación de que este intenta destruirlas y le preguntan en qué acusación contra ellas y la ciudad se basa para hacerlo. Al parecer, él ha contestado a esa pregunta antes, cuando se la hizo a sí mismo y contestó que la ciudad fue injusta con él al condenarlo. Pero la pregunta que le plantean las Leyes no concierne a su reclamo privado contra un solo acto de ellas, sino a su acusación contra las leyes atenienses en general. La pregunta sobre la acusación de Sócrates contra las leyes atenienses en general es formulada pero no contestada en el Critón. En efecto, Sócrates, por no hablar de Critón, no tiene la oportunidad de contestar a la pregunta planteada por las Leyes.
Al parecer, ahora las Leyes empiezan por el principio. Le dicen a Sócrates que lo han engendrado en virtud de las leyes de matrimonio y lo han criado y educado en virtud de las leyes que obligaban a su padre a instruirlo en gimnasia y música. Sócrates aprueba esas leyes. No dice que está de acuerdo con el razonamiento de las Leyes. Para no decir nada de su pretensión de haberlo engendrado, es comprensible que guarden silencio sobre las ramas de la educación superiores a la música y la gimnasia. (Cf. República, 520a9-c1, y Cicerón, República, I, 8.) Las Leyes llegan a la conclusión de que, en razón de lo que han hecho por él, Sócrates es su vástago y su esclavo y, por lo tanto, no hay igualdad de derechos entre ellos: por eso, él no puede hacerles legítimamente lo que ellas le lucieron, así como no habría sido lícito que hiciera a su padre lo mismo que este le hizo, o, de ser esclavo, que respondiera a los actos de su amo con otros de la misma naturaleza. Porque la patria es más venerable y los dioses y los hombres de buen juicio la tienen en más alta estima que a la madre, el padre y todos los antepasados. La patria parece comunicar su inmortalidad o inmutabilidad a las leyes; por lo tanto, las Leyes pueden decir que, a causa de lo que han hecho por Sócrates, este se ha convertido en su descendiente, y también sus ancestros: las leyes atenienses no fueron siempre las mismas. Prudentemente, las Leyes no se refieren al principio de que no se debe causar mal a los seres humanos; les basta con referirse al principio de que cada ciudadano les pertenece por completo; estaríamos tentados a decir que cada ciudadano pertenece a las Leyes en cuerpo y alma, si no fuera por el hecho de que el Critón no usa la palabra «alma». Por consiguiente, el Critón sólo puede insinuar que el alma es más venerable que el cuerpo, y afirmar que la patria es más venerable que el padre y la madre: no nos obliga a preguntamos si el alma es o no más venerable que la patria (cf. Leyes, 724al-727a2).
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Leōnardī Strūthiōnis verba 35
The Laws do not respond to Socrates’ and Kriton’s justification. Instead they are made to counter with the admittedly strange question whether they and Socrates had not agreed that one must abide by the judgments given by the city’s courts. When Socrates does not answer, they repeat their assertion that Socrates is attempting to destroy them and ask him on the basis of what charge against them and the city he does so. He seems to have answered that question earlier when he put it to himself and replied that the city wronged him by his condemnation. But the question which the Laws put to him concerns not his private complaint against a single act of theirs but his charge against Athenian laws in general. The question of Socrates’ charge against Athenian laws in general is raised but not answered in the Crito. For Socrates, to say nothing of Kriton, is not given an opportunity to answer that question raised by the Laws.
The Laws seem now to begin at the beginning. They tell Socrates that they have generated him by virtue of the marriage laws and that they have reared and educated him by virtue of the laws which commanded his father to educate him in gymnastic and music. Socrates approves of these laws. He does not say that he agrees with the reasoning of the Laws. To say nothing of their claim to have generated him, they are understandably silent on the branches of education higher than music and gymnastic. (Cf. Republic, 520a9-c1 and Cicero, Republic, I 8). The Laws draw the conclusion that through what they have done for him, he is their offspring and their slave and therefore that he and they are not equal in right: this is the reason why he cannot rightfully do to them what they do to him, even less than he could rightfully have done to his father what his father did to him or rightfully do to a master, if he were a slave, what his master does to him. For the fatherland is more venerable and more highly esteemed by gods and by men of sense than mother and father and all ancestors. The fatherland seems to communicate its immortality or unchangeability to the laws; therefore the Laws can say that through what they have done for Socrates he has become their offspring, he and his ancestors: the Athenian laws were not at all times the same. The Laws wisely do not refer to the principle that one must not do evil to human beings; it is sufficient for them to refer to the principle that every citizen belongs altogether to them; one would be tempted to say that every citizen belongs to the Laws body and soul, were it not for the fact that the Crito does not use the word”soul.” Accordingly the Crito can only intimate that the soul is more venerable than the body and state that the fatherland is more venerable than father and mother: it does not force us to wonder whether or not the soul is more venerable than the fatherland (cf. Laws, 724a1-727a2).
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Iūra
El texto en lengua inglesa fue publicado de manera póstuma en un volumen en honor al prof. Jacob Klein: Essais in Honor of Jacob Klein (Annapolī, ē Typographeō Acadēmīae Sānctī Iōhannis MCMLXXVI). Aunque nosotros tomamos como base lo aparecido en una antología dedicada a escritos del prof. Strūthiō en inglés en 1983: Studies in Platonic Political Philosophy (Sicagī, ē Typographeō Ūniversitātis Sicagī MCMLXXXIII). La versión castellana es obra de Aemilia Aquadīs, aparecida en la traducción del volumen mencionado anteriormente (Bonāeropolī, ē Typographeō Amōrrortī MMVIII). La publicación de estos fragmentos promueve la difusión en castellano de la obra del profesor Leōnardus Strūthiō con fines académicos y de formación. Conminamos a visitar su biblioteca más cercana o adquirir el volumen físico en su librería de confianza.

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ĒRVDĪTIŌRIBVS ***
