Sobre Apología y Critón Strūthiō 039
Parte de:
«Sobre la Apología de Sócrates y el Critón de Platón» / II

Leōnardus Strūthiō (1899-1973)
ĒRVDĪTIŌRIBVS ***
Versiō hispānica Aemiliā Aquadītī auctrīce 39
Sin dar a Critón, ni ahora ni más adelante, oportunidad de expresar su acuerdo o su desacuerdo, las Leyes muestran a continuación que, si Sócrates huyera de la prisión, actuaría no sólo en forma injusta sino también ridícula, porque la acción sería inútil o inadecuada para los fines que pretende alcanzar; no tendría la excusa de que fuera al menos un delito rentable. De ese modo, refutan los razonamientos en que Critón apoyaba sus consejos. Se ocupan muy brevemente de los grandes peligros que afrontaron los amigos de Sócrates, por ser demasiado evidentes para requerir explicación. Pero tratan de manera bastante extensa el riesgo corrido por el propio Sócrates. Este podría huir a alguna de las ciudades cercanas, como Tebas o Megara, que están bien gobernadas, pero llegaría como un enemigo de su régimen (porque el régimen no es democrático y Sócrates es un ciudadano respetuoso de la ley de la Atenas democrática) y allí lo considerarían, al menos los ciudadanos patriotas, como un destructor de leyes y, por consiguiente, es de presumir, como un corruptor de los jóvenes. A continuación, las Leyes analizan brevemente la alternativa de que Sócrates evite las ciudades bien gobernadas y a los hombres de mejor conducta, pero la desechan de inmediato con el fundamento de que, si lo hiciera, la vida no sería digna de ser vivida. Uno se pregunta si acaso su vida no era digna de ser vivida en Atenas, que no era una ciudad bien gobernada. Las Leyes vuelven, por lo tanto, a la primera alternativa: ¿Qué tipo de discursos hará en las ciudades bien gobernadas? ¿Los mismos que en Atenas, en el sentido de que la virtud y la justicia, y las cosas establecidas por la ley y la propia ley, son del más alto valor para los seres humanos? Mas, al ser pronunciados por un fugitivo de la justicia, ¿esos discursos no desacreditarían la obra de toda la vida de Sócrates? Las Leyes vuelven entonces, una vez más, a otra alternativa: que Sócrates evite no tanto las ciudades bien gobernadas como «esos lugares» (es decir, la región de Atenas, Megara y Tebas) y vaya a Tesalia. Allí no suscitaría recelos por haber transgredido las leyes más severas, porque en ese lugar la gente vive en el mayor desorden y disipación, y probablemente no haría sino divertirse cuando Sócrates le contara los detalles risibles de su huida, cosas verdaderamente más graciosas que su permanencia en prisión, que a Critón le parecía tan digna de risa (45e5–46a1). Sin embargo, el humor de los tesalios cambiaría en cuanto él incomodara a alguno de ellos, cosa que no podría evitar sin dejar de ser Sócrates (cf. Apología de Sócrates, 37d6-e2). Entonces, aprovecharían el contraste entre ese hecho y sus discursos tanto como lo harían los más respetables tebanos y megarenses. La disyunción usada por las Leyes —ciudades bien gobernadas cerca y la disoluta Tesalia lejos— no es completa; había ciudades bien gobernadas muy lejos de Atenas, Esparta y especialmente Creta (52e5-6), donde Sócrates y su fuga de la prisión quizá no fueran conocidos. Pero, como dicen las Leyes y Sócrates (43b10-11), él es un anciano que, de todos modos, probablemente no viva mucho tiempo. Las Leyes no tienen motivo para analizar si hubiera sido apropiado otro curso de acción en caso de que Sócrates fuera más joven.
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Leōnardī Strūthiōnis verba 39
Without giving Kriton now or later an opportunity to voice his agreement or disagreement, the Laws show next that in escaping from prison Socrates would act not only unjustly but also ridiculously, for the action would be inept or not suitable to the ends which it is meant to achieve; it would not have the excuse of being at least a profitable crime. They thus counter the reasonings by which Kriton had supported his advice. They deal very briefly with the great risks run by Socrates’ friends as too obvious to require explanation. They deal rather extensively with the risk run by Socrates himself. He could escape to one of the nearby cities like Thebes and Megara which are well-governed but he would come there as an enemy of their regime (for the regime is not democratic and Socrates is a law-abiding citizen of democratic Athens), and he would be regarded there at least by the patriotic citizens as a destroyer of laws and therefore presumably a corrupter of the young. The Laws discuss then very briefly the alternative that Socrates would avoid the well-governed cities and the most well-behaved of men and dismiss it at once on the ground that, if he did this, life would not be worth living. One wonders whether his life was not worth living in Athens which was not a well-governed city. The Laws return therefore to the first alternative: what kind of speeches will he make in the well-governed cities? the same as in Athens, to the effect that virtue and justice and the things established by law and the law are of the highest value to human beings? But if made by a fugitive from justice would they not discredit Socrates’ life work? The Laws return then again to an alternative: that Socrates would avoid, not so much the well-governed cities as ‘‘these places” (i.e., the region of Athens, Megara and Thebes) and go to Thessaly. There he would not be frowned upon for having transgressed the gravest laws because the people there live in the greatest disorder and dissoluteness and would probably be only amused if Socrates told them of the laughable details of his escape—things more truly laughable than his staying in prison which to Kriton seemed so laughable (45e5–46a1). But the mood of the Thessalians would change as soon as he annoyed any of them, as he could not help doing without ceasing to be Socrates (cf. Apology of Socrates 37d6-e2). Then they would make as much of the contrast between his deed and his speeches as the most respectable Thebans and Megarians would do. The disjunction used by the Laws—well-governed cities nearby and dissolute Thessaly far away—is not complete; there were well-governed cities far away from Athens, Sparta and especially Crete (52e5-6), where Socrates and his escape from prison might not be known. But, as the Laws and Socrates (43b10-11) say, he is an old man who is not likely to live for a long time anyway. The Laws have no reason to discuss whether another course of action would have been appropriate if Socrates had been younger.
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Iūra
El texto en lengua inglesa fue publicado de manera póstuma en un volumen en honor al prof. Jacob Klein: Essais in Honor of Jacob Klein (Annapolī, ē Typographeō Acadēmīae Sānctī Iōhannis MCMLXXVI). Aunque nosotros tomamos como base lo aparecido en una antología dedicada a escritos del prof. Strūthiō en inglés en 1983: Studies in Platonic Political Philosophy (Sicagī, ē Typographeō Ūniversitātis Sicagī MCMLXXXIII). La versión castellana es obra de Aemilia Aquadīs, aparecida en la traducción del volumen mencionado anteriormente (Bonāeropolī, ē Typographeō Amōrrortī MMVIII). La publicación de estos fragmentos promueve la difusión en castellano de la obra del profesor Leōnardus Strūthiō con fines académicos y de formación. Conminamos a visitar su biblioteca más cercana o adquirir el volumen físico en su librería de confianza.

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