Sobre Apología y Critón Strūthiō 038

Parte de:

«Sobre la Apología de Sócrates y el Critón de Platón» / II

Leōnardus Strūthiō (1899-1973)

ĒRVDĪTIŌRIBVS ***

Versiō hispānica Aemiliā Aquadītī auctrīce 38

De hecho, ningún ateniense, continúan las Leyes, hizo un acuerdo con ellas en un grado tan singular como Sócrates, que casi nunca abandonó Atenas y nunca deseó siquiera conocer otra ciudad u otras leyes: le bastaron las Leyes y la ciudad; mostró con hechos que la ciudad le agradaba. Este razonamiento de las Leyes puede explicar por qué guardan silencio respecto del hecho de que Sócrates nunca intentara convencerlas de cambiar su curso, aunque sabía que eran deficientes al menos en un aspecto importante (Apología de Sócrates, 37a7-b1), porque no podría haberlo hecho sin entrar en la actividad política y, como sin duda las Leyes lo sabían, su daimonion (δαιμόνιον) se lo impedía (ibid., 31c4-e6); las Leyes callan sobre este punto, porque explicar qué significa persuadirlas no sería compatible con la hipótesis de su condición sobrehumana. De todos modos, en el caso de Sócrates, el deber de obedecerlas no estaba limitado por el derecho a persuadirlas. Este hecho refuerza el argumento de las Leyes de que, al tratar de huir, él actuaría en contra de su tácito acuerdo con ellas y, en consecuencia, cometería un acto injusto; ahora, las Leyes guardan silencio sobre la otra razón para obedecerlas. Terminan esta parte de su argumento al preguntarle a Sócrates si consiente en vivir como ciudadano de acuerdo con ellas. Ante una pregunta de Sócrates, Critón responde que, para ambos, es necesario estar de acuerdo con lo que dicen las Leyes.

Las Leyes concluyen su razonamiento acerca de la justicia de la huida de Sócrates volviendo a hacer hincapié en que, si este huyera, quebrantaría sus pactos con ellas —que suscribió sin que mediara compulsión ninguna y que, por ende, eran justos (no dicen que ellas mismas lo fueran)— y en que las leyes le complacían. Este último hecho es tanto más notable cuanto que, como lo mencionan ahora, Sócrates tenía la costumbre de decir que Esparta y Creta estaban bien gobernadas o tenían buenas leyes (opinión que, al parecer, no tenía de Atenas); aunque no sentía deseos de conocer otras ciudades y otras leyes, conocía al menos algunas de ellas. El hecho de que no saliera casi nunca de Atenas prueba que la ciudad le agradaba y, por lo tanto, también las Leyes; porque, ¿a quién podría gustarle una ciudad sin leyes? El hecho de que ninguna ciudad sin leyes pueda agradar no prueba, como es obvio, que una ciudad agradable deba tener leyes agradables: una ciudad puede tener otros atractivos, al margen de sus leyes; esto es lo que quería decir Sócrates al hacer que las Leyes insistieran en que ninguna ley le impedía mudarse a otra ciudad. (Se puede hallar una larga exposición de la opinión de Sócrates sobre los atractivos de Atenas y sus leyes en su descripción de la democracia, en el octavo libro de la República.)

Perge ad sequēns caput

Redde ad prius caput

Perge ad initium paginae huius

Perge ad indicem

Leōnardī Strūthiōnis verba 38

No Athenian, the Laws continue, made the agreement with the Laws in deed to such a singular degree as Socrates, for he hardly ever left Athens, he never even desired to know another city or other laws but the Laws and the city sufficed him; he showed by deed that the city pleased him. This reasoning of the Laws may explain why they are silent on Socrates’ ever having attempted to persuade the Laws to change their course although he knew that they were defective in at least one important respect (Apology of Socrates 37a7-b1), for he could not have done this without engaging in political activity and, as the Laws doubtless knew, his daimonion (δαιμόνιον) prevented this (ib. 31c4-e6); the Laws are silent on this point because spelling out what persuading the Laws means would not be compatible with the hypothesis of their superhuman status. In the case of Socrates at any rate the duty of obeying the Laws was not limited by the right to persuade the Laws. This fact strengthens their contention that by trying to run away he would act against his tacit agreement with them and hence commit an unjust act; they are now silent on the other ground of obedience to them. They conclude this part of their argument by asking Socrates whether he has agreed to live as a citizen according to them. Kriton, asked by Socrates, replies that it is necessary for him and Socrates to agree to what the Laws say.

The Laws conclude their reasoning about the justice of Socrates’ running away by emphasizing again that in doing so he would break his covenants with them —covenants into which he entered under no compulsion whatever and which therefore were just—they do not say that the Laws themselves are just—and that he was pleased with the laws. The latter fact is all the more remarkable since, as they mention now, he was in the habit of saying of Sparta and Crete (what he apparently did not say of Athens) that they are well-governed or have good laws; although he had no desire to know other cities and other laws, he nevertheless knew at least some of them. His hardly ever leaving Athens proves that the city pleases him and hence the Laws: for whom could a city without laws please? That no city which has no laws can please obviously does not prove that the pleasing city must have pleasing laws: a city may have other attractions than its laws; this is what Socrates meant when he made the Laws emphasize that no law prevented him from moving to another city. (One finds an extensive statement of Socrates’ view of Athens’ attractions and of her laws in his description of the democracy in the eighth book of the Republic.)

Perge ad sequēns caput

Redde ad prius caput

Perge ad initium paginae huius

Perge ad indicem

Iūra

El texto en lengua inglesa fue publicado de manera póstuma en un volumen en honor al prof. Jacob Klein: Essais in Honor of Jacob Klein (Annapolī, ē Typographeō Acadēmīae Sānctī Iōhannis MCMLXXVI). Aunque nosotros tomamos como base lo aparecido en una antología dedicada a escritos del prof. Strūthiō en inglés en 1983: Studies in Platonic Political Philosophy (Sicagī, ē Typographeō Ūniversitātis Sicagī MCMLXXXIII). La versión castellana es obra de Aemilia Aquadīs, aparecida en la traducción del volumen mencionado anteriormente (Bonāeropolī, ē Typographeō Amōrrortī MMVIII). La publicación de estos fragmentos promueve la difusión en castellano de la obra del profesor Leōnardus Strūthiō con fines académicos y de formación. Conminamos a visitar su biblioteca más cercana o adquirir el volumen físico en su librería de confianza.

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Perge ad initium paginae huius

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ĒRVDĪTIŌRIBVS ***

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