Sobre Apología y Critón Strūthiō 037
Parte de:
«Sobre la Apología de Sócrates y el Critón de Platón» / II

Leōnardus Strūthiō (1899-1973)
ĒRVDĪTIŌRIBVS ***
Versiō hispānica Aemiliā Aquadītī auctrīce 37
No obstante, las Leyes mismas parecen sentir que el carácter satisfactorio de las leyes atenienses relativas al matrimonio y a la educación elemental, o las obligaciones derivadas de una deuda con ellas en razón de esas leyes particulares, no bastan para justificar su exigencia de sumisión absoluta. Por lo tanto, «quizá podrían» hacer los dos agregados siguientes. Primero, le han dado a Sócrates, al igual que a todos los demás ciudadanos, una participación en todas las cosas nobles a su disposición: Meleto puede estar en lo cierto al decir que las Leyes hacen mejores a los seres humanos (Apología de Sócrates, 24d10-11); con seguridad, son tan poco capaces como la mayoría de volver sensato a un hombre (cf. 44d6-10). Segundo, permiten que cualquier ateniense mayor de edad, si las Leyes y la ciudad le desagradan, vaya a una colonia ateniense o a donde quiera y lleve consigo sus bienes; ninguna ley le impide hacerlo, aunque podría haber una que lo hiciera. Empero, cualquiera que permanezca en Atenas, al ver cómo las Leyes deciden los casos ante los tribunales y administran la ciudad en otros aspectos, ha acordado de hecho hacer lo que ellas mandan, a menos que las convenza, si han cometido un error, de lo que es intrínseca y naturalmente justo; porque las Leyes son civilizadas y no ordenan de una manera salvaje y tiránica, sino que están dispuestas a escuchar y a ser persuadidas. Este acuerdo con las Leyes toma el lugar que antes ocupaba la educación por medio de ellas (cf. 51e4-7 con 50e2).
La obediencia incondicional a las Leyes tiene, pues, dos fundamentos heterogéneos: el hecho de que han engendrado y criado al ciudadano, y el hecho de que este ha llegado a un acuerdo con ellas; el primero lo convierte en esclavo de las Leyes, mientras que el segundo es el acto de un hombre libre; la obediencia incondicional a las Leyes tiene su raíz en la conjunción de la compulsión y el consentimiento. Y las Leyes asumen plena responsabilidad por todo cuanto se haga en virtud de su autoridad: por la administración de justicia y por la administración política en general; las Leyes son la ciudad, el cuerpo de ciudadanos, los atenienses; aquí se abandona en silencio la distinción sugerida con anterioridad entre las Leyes y el cuerpo de ciudadanos. Hay un doble motivo para esto. Primero, las Leyes sólo actúan en razón de ser conocidas por los seres humanos (Apología de Sócrates, 24d11 y sigs.), sólo actúan a través de los seres humanos y, sobre todo, se originan en ellos o, para ser más precisos, en el régimen, que en Atenas es una democracia. Segundo, actuar injustamente significa infligir un mal a seres humanos; pero las Leyes no son seres humanos.
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Leōnardī Strūthiōnis verba 37
The Laws themselves seem to feel that the satisfactory character of the Athenian laws concerning marriage and elementary education or the obligations deriving from one’s debt to them on account of these particular laws do not suffice to justify their demand for complete submission. Therefore they ‘might perhaps” make the following two additions. Firstly, they have given to Socrates, just as to all other citizens, a share in all the noble things at their disposal: Meletos may be right in saying that the Laws make human beings better (Apology of Socrates 24d10-11); they surely are as little able as the many to make a man sensible (cf. 44d6-10). Secondly, they permit every Athenian who is of age, if the Laws and the city displease him, to go to an Athenian colony or wherever he wishes, taking his property with him; no law prevents him from doing it, although something else might. But whoever stays in Athens, seeing how the Laws decide cases before the courts and administer the city in other respects, has agreed by deed to do what the Laws command, unless he persuades them, if they make a mistake, of what is intrinsically, naturally just; for the Laws are civilized and do not command in a savage, tyrannical manner but are willing to listen and to be persuaded. This agreement with the Laws takes the place formerly occupied by education through the Laws (cf. 51e4-7 with 50e2).
Unqualified obedience to the Laws has then two heterogeneous grounds: the fact that they have generated and reared the citizen and the fact that he has made an agreement with them; the former makes him the slave of the Laws, the other is the act of a free man; unqualified obedience to the Laws has its root in the co-operation of compulsion and consent. And the Laws take full responsibility for everything done by their authority: for the administration of justice and for the political administration in general; the Laws are the city, the citizen body, the Athenians; the distinction previously suggested between the Laws and the citizen body is here silently dropped. There is a twofold reason for this. Firstly, the Laws act only through being known to human beings (Apology of Socrates 24d11ff.), they act only through human beings and, above all, they originate in human beings or, more precisely, in the regime which in Athens is a democracy. Secondly, acting unjustly means inflicting evil on human beings; but the Laws are not human beings.
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Iūra
El texto en lengua inglesa fue publicado de manera póstuma en un volumen en honor al prof. Jacob Klein: Essais in Honor of Jacob Klein (Annapolī, ē Typographeō Acadēmīae Sānctī Iōhannis MCMLXXVI). Aunque nosotros tomamos como base lo aparecido en una antología dedicada a escritos del prof. Strūthiō en inglés en 1983: Studies in Platonic Political Philosophy (Sicagī, ē Typographeō Ūniversitātis Sicagī MCMLXXXIII). La versión castellana es obra de Aemilia Aquadīs, aparecida en la traducción del volumen mencionado anteriormente (Bonāeropolī, ē Typographeō Amōrrortī MMVIII). La publicación de estos fragmentos promueve la difusión en castellano de la obra del profesor Leōnardus Strūthiō con fines académicos y de formación. Conminamos a visitar su biblioteca más cercana o adquirir el volumen físico en su librería de confianza.

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