Sobre Apología y Critón Strūthiō 036
Parte de:
«Sobre la Apología de Sócrates y el Critón de Platón» / II

Leōnardus Strūthiō (1899-1973)
ĒRVDĪTIŌRIBVS ***
Versiō hispānica Aemiliā Aquadītī auctrīce 36
Las Leyes comparan la relación entre el ciudadano y la patria, la ciudad o las leyes con la relación entre los hijos y su padre, es decir, una relación que no se basa en un acuerdo o o pacto. ¿Qué dimensión alcanza la obediencia a la ley, de acuerdo con las Leyes? Estas no dicen nada acerca de algún límite a esa obediencia. Debemos suponer, entonces, que exigen una obediencia irrestricta, pasiva y activa. Sin embargo, las Leyes pueden estar equivocadas en sus exigencias; no pretenden poseer una sabiduría sobrehumana ni ser de origen divino (cf. Leyes, 624a1-6 y 634e1-2), y tampoco dicen ser divinas: no lo son más que la mujer que se le apareció a Sócrates en su sueño. (En el Critón no se presenta a los atenienses como engendrados y educados por dioses; véase Timeo, 24d5-6.) Las Leyes pueden creer que algo es justo sin que lo sea; en consecuencia, se puede tratar de persuadir a la patria o a la ciudad de que desista de su demanda, pero si se fracasa en el intento es preciso hacer lo solicitado. (No se dice aquí que se deba procurar convencer a las Leyes, porque las cosas que uno está legalmente obligado a hacer no suelen estar determinadas por las leyes, sino por decisiones políticas o judiciales.) Las Leyes se refieren al caso particular de Sócrates: este afirma estar verdaderamente preocupado por la virtud y, en consecuencia, tiene una obligación especial. Pero Sócrates había aludido precisamente a la cuestión de si debía o podía obedecer una ley que le prohibiera, en forma explícita o implícita, filosofar, es decir, ocuparse en verdad de la virtud, y dijo que no la obedecería (Apología de Sócrates, 29c6d5). En lo que respecta al argumento de las Leyes de que hay que obedecer las leyes sin restricciones, aún más de lo que un hijo debe obedecer a su padre, basta con pensar en el caso de un padre insano, contra quien se puede usar el engaño e incluso la fuerza en su propio interés, y preguntarse si las ciudades son incapaces de promulgar leyes insanas. Sea como fuere, Critón está completamente satisfecho de que las Leyes digan la verdad, tan completamente satisfecho como lo habría estado ese otro padre, Céfalo.
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Leōnardī Strūthiōnis verba 36
The Laws compare the relation between the citizen and the fatherland, the city, or the laws to the relation between children and their father, i.e., to a relation not based on agreement or compact. How far does the duty of obedience to the law extend according to the Laws? They say nothing about any limits to that obedience. We must then assume that they demand unqualified obedience, passive and active. Yet the Laws may be mistaken in what they demand; they do not raise a claim to superhuman wisdom or to be of divine origin (cf. Laws 624a1-6 and 634e1-2) or to be divine—as little as does the woman who appeared to Socrates in his dream. (The Athenians are not presented in the Crito as generated and educated by gods; see Timaeus 24d5-6.) The Laws may believe that something is just without its being so; one may therefore try to persuade the fatherland or the city to desist from its demand, but if one fails therein, one must do as one is told. (They do not say here that one must try to persuade the Laws, for the things which one is legally commanded to do are frequently determined not by the laws as such but by political or judicial decisions.) The Laws refer to Socrates’ special case: he claims to be truly concerned with virtue and is therefore under a special obligation. But precisely Socrates had touched on the question as to whether he would or could obey a law forbidding him, explicitly or implicitly, to philosophize, i.e., to be truly concerned with virtue, and he said that he would not (Apology of Socrates 29c6-d5). As for the Laws’ argument that one must unqualifiedly obey the laws even more than the son must obey his father, it is sufficient to think of the case of an insane father against whom one may use deception and even force in his own interest and to wonder whether cities are incapable of passing insane laws. Be this as it may, Kriton is fully satisfied that the Laws say the truth, as fully as that other father, Kephalos, would have been.
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Iūra
El texto en lengua inglesa fue publicado de manera póstuma en un volumen en honor al prof. Jacob Klein: Essais in Honor of Jacob Klein (Annapolī, ē Typographeō Acadēmīae Sānctī Iōhannis MCMLXXVI). Aunque nosotros tomamos como base lo aparecido en una antología dedicada a escritos del prof. Strūthiō en inglés en 1983: Studies in Platonic Political Philosophy (Sicagī, ē Typographeō Ūniversitātis Sicagī MCMLXXXIII). La versión castellana es obra de Aemilia Aquadīs, aparecida en la traducción del volumen mencionado anteriormente (Bonāeropolī, ē Typographeō Amōrrortī MMVIII). La publicación de estos fragmentos promueve la difusión en castellano de la obra del profesor Leōnardus Strūthiō con fines académicos y de formación. Conminamos a visitar su biblioteca más cercana o adquirir el volumen físico en su librería de confianza.

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