Crito GARCIA BACCA
CRITO. Radiografía argumental

Κρίτων (Πλάτων)
Critō (Platō)
Critón (Platón)
ĒRVDĪTIŌRIBVS ***
Advertencia: El uso de la presente reseña lógico-argumental no sustituye la lectura del diálogo Critón. Como todo diálogo platónico, el Critón es una obra muy trabajada, que dice más por sus personajes (sus ausencias), sus interlocutores y los escenarios, por ello el autor de la reseña nos amonesta:
Esta es la radiografía lógica del diálogo. Léalo el lector en su forma viviente, engendrada, sostenida en vida y en vilo por la palabra de los dialogantes.
Al leer o releer esos diálogos de Platón se debe prestar atención tanto a lo que Platón va diciendo como, por decirlo así, a lo que en el diálogo va pasando y pasa. Es decir, el lector debe intentar hacerse cargo de cuál es la moraleja que habría que sacar del diálogo si éste hubiera de considerarse como experiencia intelectual típica o prototipica, esto es, debe tratar de hacerse concepto de la «experiencia de la conciencia», que en esos diálogos típicamente se refleja.
Tenga siempre en mente que se encontrará frente a una obra de filosofía, con los efectos secundarios que ello conlleva. Lea la obra con calma, considere las anotaciones críticas y consulte a su filólogo de confianza. Atrium Philosophicum no se hace responsable de ninguna μετάνοια producto de leer directamente a Platón.
Radiografía Argumental del Critón

Tabla de contenidos
DATOS GENERALES SOBRE EL DIÁLOGO
Lugar y tiempo del diálogo hablado:
Atenas (Grecia). Hacia 399 a.C.
Escenario:
Prisión.
Personas:
- Critón. Ateniense. Rico, filosofante, compañero coetáneo de Sócrates. Autor de diálogos (?). Edad: 70 años.
- Sócrates. Ateniense. Preso, aguardando días y días ejecución de sentencia a muerte. 70 años de edad.
Lugar y tiempo del diálogo transcrito:
Atenas. Hacia 390 a.C.
ARGUMENTO
El problema socrático de las relaciones del individuo humano con Los Más, con las Leyes y con la Ciudad.
1. «Los Más» (οἱ πολλοί) no se compone o integra directa y propiamente de individuos o personas, sino de «unos de tantos», —de uno de tantos, de dos de tantos…; y, en rigor, dos que sean cada uno uno-de-tantos no dan por suma dos, sino uno-de-tantos. Don Nadie no es un plural; es un estado real colectivo semejante al que adoptan las gotas al caer en el Mar. Don Nadie es un continuo real humano: todo lo humano en estado de continuo real. Y así como la física no pudo constituirse plenamente hasta que se introdujo el concepto, y admitió la realidad de estilo «campo» —campo gravitatorio, campo electromagnético…—, de parecida manera lo humano no es comprensible si no se introduce el concepto y acepta como realidad básica esos estados de colectividad en que cada uno no es sino uno-de-tantos. Investigar lo que de «campal» quede en el hombre es decidir lo que queda de humanidad: de género humano, de especie humana, fuera de lo que el individuo o persona tengan de peculio y de peculiar, —de individuado y de apersonado.
Pues bien: Sócrates reconoce darse:
1) Una especie de sujeto colectivo, dilatado, tanto que abarca a «casi todos»: los más (οἱ πολλοί, passim);
2) incapaz de hacer grandes males (μέγιστα κακὰ) y grandes bienes (μέγιστα ἀγαθὰ; 44d);
3) que sólo hacen lo que se les viene a las manos, lo que les depara la suerte (ὅτι ἂν τύχωσι; ibid.);
4) cuyo nivel mental está entre lo sensato (φρόνιμον) y lo insensato (ἄφρον), sin llegar a estar en ninguno de los dos estados;
5) cuya vida mental aspira y vive solo de «opiniones» (δόξα): lo que a primera vista aparece (44d, 46d, 46e, 47-48);
6) ligeros en sus resoluciones: arrepentidizos, que con igual ligereza matan que, si pudieran, resucitaran al muerto por ligereza (48c);
7) preocupados de los «hechos» y de las cosas de hecho o hechos brutos de la vida, —dinero, hijos, comida…; preocupados por el «ser», por el ser que es; y no por el deber sera que habría que elevar el estado de hecho bruto del ser cotidiano (48c, 48d; et passim);
Y si no se tratare de una sencilla introducción podríase descubrir en este diálogo, y en la Apología sobre todo, casi todos los rasgos de Don Nadie; de los unos-de-tantos que hay en el mundo en su estado corriente.
Frente a este sujeto colectivo real y realísimo que es Los Más (οἱ πολλοί), tomó Sócrates la actitud de desprecio, de pulcra y remilgada separación, —en modos de pensar, en trato cotidiano, en valoración de las cosas, de la muerte, del destierro, de los hijos… separación que constituye la tarea de la formación individual.
2. Pero frente a las Leyes (οἱ Νόμοι), la Ciudad (ἡ Πόλις), y la Patria (ἡ Πατρίς), el mancomún o mancomunidad de la Ciudad (τὸ κοινὸν τῆς πόλεως; 50a), la actitud de Sócrates es muy distinta.
a) Sócrates habla de ellas como de «personas»; y no en plural; y no en plural, sino como si fuera una sola persona real.
Así, antes de contar a Critón lo que las Leyes y la Ciudad le dijeron en ensueños, le refiere la aparición de «una matrona bella y de buen ver» (καλὴ καὶ εὐειδής, εὖ-εἶδες; 44a). Leyes y Ciudad hablan a Sócrates en singular: «dime»; y no, «dinos» (50a), aunque no se deba desconocer que entre Ciudad y Leyes exista una relación de contextura tal que las Leyes sean la textura propia de ese colectivo real que se llama «Ciudad» (Πόλις), mientras que ciertas costumbres y tabúes pudieran ser la textura especial que constituyera la horda o la tribu.
b) Se ha dicho y repetido que en el discurso puesto por Sócrates en boca de las Leyes y de la Ciudad (50-54) se trata de esa figura retórica que se llama prosopopeya o personificación.
No hay indicio alguno de que Sócrates tome a ficción retórica o poética, a prosopopeya, lo que aquí dice. Pues, primero, consta del respeto y buena nota que tomaba Sócrates de lo que se le aparecía en sueños (Apol., 33c), y aquí le refiere a Critón un ensueño en el que se le aparece una matrona bella y de buen ver, representación sensible de las Leyes y de la Ciudad (44a, 44b) que le habla como de persona a persona.
Segundo, Critón no trata de rebatir a Sócrates sus argumentos en pro de las Leyes diciéndole que «los sueños sueños son»; que las Leyes y la Ciudad son ficciones jurídicas; y que lo real en realidad de verdad son él, sus hijos, sus amigos, su vida… Critón acepta por real lo que en el ensueño dicen a Sócrates Leyes y Ciudad.
Pero tampoco es menester llegar al extremo opuesto y suponer que Ciudad y Leyes sean una realidad de tipo material o espiritual. La cosa es más sutil que esos extremos: ficción poética, hipóstasis real. Se trata de si el alma del griego, aun la de los más distinguidos, se hallaba integra en estado de individuación, y no tal vez en estado societario.
Una vida no perfectamente individuada se nota sostenida por un especial mar de vida o vida en bloque original, que es la Polis o Ciudad, atmósfera vital, ambiente real supraindividual de que viven las vidas de cada uno, en cuanto que cada uno es uno de tantos como viven mantenidos y atenidos a esa vida colectiva y en bloque que es la Polis. Cuando la vida de uno siente, cual sensación «primaria», esa de «sentirse mantenido por una vida en bloque», y cual sensación secundaria la de ser «yo» quien vive, quien se desplaza en ese mar de vida o vida-en-mar de «este» acto de vivir a «estotro», entonces es cuando se habla de la Ciudad, de las Leyes, de la Patria, tal como lo hace aquí Sócrates, y cual lo sentía todo griego, aun el más individuado.
Esta sumisión «vital» de individuo a Ciudad, cual la del barco al mar, se ha ido perdiendo desde el Renacimiento sobre todo, y para nosotros ha pasado a sensación vital primaria la de que «yo vivo»; y a secundaria o subconsciente, la de que yo vivo sustentado y mantenido por una vida-en-bloque.
Para Sócrates, las Leyes no eran «esta» ley más «estotra» ley más…, sino Ley en bloque; legalidad subsistente que hacía posible delimitar esta ley y pasar de una a otra, como nadador que se desliza desde este metro cúbico de agua a estotro. La legalidad, así en bloque, mantenía y aseguraba la vida moral y social del helena.
La Ciudad, la Ley, la Patria eran, pues, vividas cual condición real y primaria de posibilidades de vida, cual vida-en-bloque que asegura las vidas de cada uno, y, por tanto, no metafórica, sino realmente, podrían decirle a Sócrates que ellas lo habían criado, sustentado y educado (50d ss.). El componente metafórico se reduce, pues, a que tal vida-en-bloque no habla directamente sino que se sirve de los individuos cual de «altavoces»; y no puede hablar con palabras plurales, con leyes especiales, con mandatos bien distintos porque no «es» según módulo individual; porque no es suma, sino bloque.
El primitivo vive el mundo entero —material, espiritual, social, biológico…— en —«un solo bloque», y se vive a sí mismo como empotrado y machihembrado con tal bloque.
Tal vez durante los primeros tiempos de la navegación no se conocieron exactamente las dimensiones que debía tener un bloque de agua para que pudiera sustentar un barco de tales o cuales dimensiones concretas; así que sólo en un «gran» volumen de agua se atrevían los navegantes a hacerse a la mar. Poco a poco se fue conociendo la proporción entre volumen de agua en bloque —mar, lago, río, puerto, rada…— y el volumen de una nave, proporción que permitía al bloque sustentar a la nave, y a ésta pasar de una parte de tal bloque a otra, sin hundirse.
De parecida manera: el primitivo vive el mundo entero cual bloque, y sólo en tal bloque tomado en total y en bulto se siente seguro; y ha sido tarea de la civilización ir descubriendo «valientemente» qué bloques de realidad más reducidos en dimensiones bastan para sustentar al hombre y permitir a su individualidad pasar de una cosa a otra, definir cosas aparte.
El griego clásico había ya descubierto que para vivir su vida interior le bastaba ese bloque que se llama «vida ciudadana», vida en bloque de Ciudad (Πόλις), centrada en un ágora o plaza pública, y separada del resto del mundo por una muralla real o jurídica. Pero este bloque reducido era vivido como necesario para la vida de cada uno. Desterrarlo de él, arrancarle a uno de esta su tierra era, parecidamente, morir.
Estas sensaciones «globales», y el vivirlas como «primarias» tal vez nos parezcan a nosotros cosa de novela filosófica. Pero si no se intenta comprenderlas y revivirlas de alguna manera no la habrá de entender filosofía griega, y, en especial, el diálogo presente, el tono vivencial y moral de la actitud y acciones, conmovedoras y sublimes, que, en palabras, nos ha conservado Platón.
Iūra
Edición de Ātrium Philosophicum (CC) 2025, publicada originalmente en: PLATÓN [Πλάτων / Plato vel Platon] (c. 425 a. C.-c. 348 a. C.). Platón Obras Completas. Tomo I. Cármides – Lisis – Eutifron – Apología – Critón – Fedón – Menón, Caracas: Presidencia de la República / Facultad de Humanidades y Educación de la UCV / Dirección de Bibliotecas, Información, Documentación y Publicaciones de la UCV, 1980, pp. 251-257.

Sobre el Critón en Ātrium Philosophicum
- Hegel über Sokrates 000
- Sobre la Apología y el Critón STRŪTHIŌ
- Crito PLATO
- Crito GARCIA BACCA
- Critón: Dialectica en acción STOKES
ĒRVDĪTIŌRIBVS ***
