Los sofistas en Atenas 016
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Los sofistas en Atenas. La salida retórica al dilema trágico / 1. Una ciudad con dos almas

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Los sofistas en Atenas 016
El conflicto, como era de esperar, no se limita a la disputa entre los sexos. Además están en juego otros factores. Por un lado, dos civilizaciones diferentes, una dominante, la otra sobreviviente en las clases subordinadas (debido al fracaso de la dominación dórica del Ática a la que se ha aludido). Por otra parte, el conflicto entre los dioses «antiguos» y «nuevos» en Las Euménides y en Prometeo1Sobre el conflicto entre lo antiguo y lo nuevo en los mitos trágicos, véase UNTERSTEINER, op. cit., pp. 117-174. En relación al choque de concepciones religiosas opuestas en Esquilo, vid. K. REINHARDT, Aischylos Regisseur und Theologe, Bern, 1949; E. T. OWEN, The Harmony of Aeschylus, Toronto 1952. (también mencionado anteriormente) ilustra su profundidad. Las contradicciones señaladas en los mitos por la tragedia,2Aristóteles parece compartir esta opinión, cfr. Poēticā, 1460 a 11 ss.; 27-28; b 23-26. Véase a este respecto UNTERSTEINER, op. cit., pp. 115-117. así como el contraste entre morales opuestas, no es, obviamente, un fin en sí mismo: es el desgarramiento al interior de la sociedad ática trasladado al mito.3Véase al respecto MASARACCHIA, op. cit. y también su «Sul racconto della falsa morte di Oreste nell’Elettra di Sofocle», Rivista di cultura classica e medioevale, 1978, pp. 1040. El debate trágico no tiene sentido sino como idealización del debate democrático.4MOSSÉ, C. Le dottrine politiche in Grecia (ed. fr. 1969), Messina-Firenze, 1973, pp. 42-43; BOWRA, C. M. Periclean Athens, London 1971, pp. 106-138; DI BENEDETTO, V. Euripide: teatro e società, Torino 1971, passim; LOMBARDI, T. «Le radici sociopolitiche del Prometeo eschileo», Il contributo, fasc. 1, 1986, pp. 5-18; «Influenze e defluenze dell’Atene periclea: Anassagora ed Euripide», in Forme del sapere, cit., pp. 223-248; BUCCOLO, A. «Logos dominatore e ingannatore: Ippolito contro Protagora», ibid., pp. 249-279. El ascenso de las clases inferiores a partir de Clístenes provoca que el démos urbano, no sé hasta qué punto de manera consciente, perciba sus raíces campesinas y pre-dóricas. Esto se manifestó en la presencia en Atenas de cultos bastante raros en Grecia (como hemos visto, están presentes de forma amplia tan solo en la Arcadia no contaminada); y que los autores trágicos, al captar en el ambiente estas reminiscencias, presentaran ante su público la contradicción entre la mentalidad antigua y la nueva. En toda la tragedia, el discurso es doble: el resto de Grecia, ajena a sus tradiciones más antiguas, siente horror por el arcaísmo mágico-agrícola, no pudiendo entenderlo más que como una mera transgresión contra la moral aristocrática. Atenas, en cambio, es «la piadosa ciudad de Palas»5Eurīp., Elec. 1319-1320. en la que nada ni nadie debe temer incomprensión o injusticias, «la ciudad más piadosa, la única que defiende al extranjero perseguido»,6Soph., Oed. Col., 260-262. inviolada (por la invasión dórica, por supuesto) y por ello sagrada para todas las deidades sin distinción;7Eur. Mēdēa, 824-855. Sobre el ideal ateniense en Eurípides véase ZUNTZ, G. The Political Plays of Euripides, Manchester 1955; STEVENS, P. T, “Euripides and the Athenians”, Journal of Hellenic Studies, 76 (1956), pp, 87-94; GOOSSENS, R. Euripide et Athènes, Bruxelles 1952; DI BENEDETTO, op. cit.; P. CARRARA, Euripide: Eretteo, Firenze, 1977. fuera del mito, la tierra que acoge tanto los cultos olímpicos como los pre-olímpicos, viviendo siempre, como se ha visto, la contradicción entre las dos mentalidades, que reflejan su alma «jónica» y su alma «pelásgica».8Sobre la tragedia como eco de la sociedad ateniense, véase: CANTARELLA, R. «Atene: la Polis e il teatro», in Dioniso, 39 (1965), pp. 39-55; DIANO, C. «Sfondo sociale e politico della tragedia greca antica», idem, 43 (1969), pp. 119-137; CUCCHETTI, G. «Sfondo sodale e politico della tragedia nell’antichità classica», idem, 43 (1969), pp. 445-450; DI BENEDETTO, op. cit. ; CARRIÈRE, J. «La tragédie grecque, auxiliaire de la justice et de la politique», Studii Clasice, 15 (1973), pp. 13-21; WALCOT, P. Greek Drama in Its Theatrical and Social Context, Cardiff, 1976; LANZA, Il tiranno…, cit.; DEGANI, E. «La tragedia» in AA. VV., Storia e civiltà dei Greci III, Milano, 1979, pp, 255-310; LOMBARDI y BUCCOLO, textos citados; MASARACCHIA, Mito e realtà…, cit. De este modo, para centrarnos en los temas trágicos más conocidos, las Erinias, expulsadas de Delfos como demonios infernales, son aceptadas en Atenas como benéficos genios agrícolas;9Véase CAPITIENSIS, op. cit., pp. 262-263. al igual que probablemente (según podemos deducir del Liberado)10Refiere el autor al Prometeo Liberado, que junto con el Prometeo encadenado y el Prometeo portador del fuego, constituirían la trilogía del titán atribuida a Esquilo. [n. del tr.]. el antes perseguido Prometeo;11CAPITIENSIS, L’uomo a due anime, cit., pp. 263-265; y cfr, UNTERSTEINER, op. cit., pp. 155-156. Medea, típica reina prehelénica de la fase caracterizada por el sacrificio de niños herederos12Niños a cargo del poder entre reyes, tras la muerte de un rey: «interré fanciulli» [n. del tr.]. en lugar del rey sacrificado anualmente para la cosecha,13Cfr. UNTERSTEINER, op. cit., pp. 132-133. aparece en Corinto como un monstruo infanticida, pero Atenas, donde Egeo la acoge cumpliendo un juramento hecho a la Tierra y al Sol,14Eurīp. Mēdēa, 746-755. la absuelve de toda culpa;15Eurīp. Mēd., 1384-1385. Artemisa Taurica,16O Táuride [n. del tr.]. debido a los sacrificios humanos que los bárbaros le ofrecen, no es considerada por los griegos aculturizados,17En esa transición debido a la cultura jónica y la vida urbana en la polis [n. del tr.]. más que una divinidad manchada de sangre y rodeada de calaveras,18Eurīp. Īphigenīa in Tauris, 72-74. mientras que en Ática encontrará su nuevo santuario en Braurón, donde las mujeres atenienses le ofrecerán el velo nupcial de las esposas que han muerto en el parto, al tiempo que el sacrificio cruento será reemplazado por el simbólico toque de una espada sobre el cuello de un hombre.19Eurīp. Īph in T., 1435-1469. La ciudad más maltratada y más frecuentemente acusada de incomprensión en la tragedia es Tebas,20SABBATUCCI, op. cit., pp. 111 ss. la eterna enemiga debido a sus pretensiones sobre la aliada Platea,21Hērod. VI, 108. Sobre el «símbolo-Platea» y su presencia en el ciclo tebano de la tragedia cfr. SABBATUCCI, op. cit., pp. 102-103 y 111-113. habitada por esos beocios cuyo nombre es para los atenienses sinónimo de torpeza. En Tebas, Edipo, el rey-grano que asciende al poder matando a su predecesor en la cosecha, que es esposo de la reina en la siembra y su hijo al brotar los primeros retoños,22ROBERT, C. Oidipus. Geschichte eines poetisches Stoffs im griechischen Altertum, Berlin, 1915, 2 vols.; UNTERSEINER, op. cit., pp. 136-154. es maldecido precisamente por estas razones, como parricida e incestuoso, y, mientras permanece en Tebas, se condena a sí mismo por ellas («¡Yo que he resultado nacido de los que no debía, teniendo relaciones con los que no podía y habiendo dado muerte a quienes no tenía que hacerlo!»).23Soph., Oedipus Tyrannōs, 1184-1185. Del mismo modo será condenada su hija Antígona por su devoto respeto a los cánones neolíticos del lazo sanguíneo y del entierro;24Cfr. CAPITIENSIS, op. cit., pp. 260-261. y por la misma razón (en Las suplicantes de Eurípides) serán perseguidas las madres de los caídos en el asalto a Tebas. También en Tebas, Heracles, rey sacrificador de niños herederos como Medea,25Vide nuestra nota al respecto de estos niños más arriba [n. del tr.]. se maldice a sí mismo con dureza; pero Teseo, es decir, la Atenas ideal, acogerá y defenderá a todos (a Edipo en Sófocles,26SABBATUCCI, op. cit., pp. 164-165; CAPITIENSIS, op. cit., pp. 265-267. a Heracles27CAPITIENSIS, op. cit., p. 268. y a las madres28Véase a este respecto: R. GOOSSENS, « Périclès et Thésée. À propos des Suppliantes d’Euripide », Bulletin de l’Association G. Budé, 35 (1932), pp. 9-40; S. MICHAELIS, Das ideal der attischen Demokratie in den »Hiketiden« des Euripides und im Epitaphios des Thukydides, Diss., Marburg, 1951. en Eurípides) en nombre de la coexistencia entre lo viejo y lo nuevo, entre la religión ctónica y la luminosa, entre la moral popular y la aristocrática. Para la tragedia, en una Grecia de una sola alma, Atenas es la ciudad que posee dos almas en conflicto, aunque coexistentes.29Cfr. M. UNTERSTEINER, La fisiologia del mito, Milano, 1946, pp. 291-292; I sofisti, Torino, 1949, pp. 32-34; CORBATO, C. Sofisti e politica ad Atene durante la guerra del Peloponneso, Trieste, 1958, p. 4; MOSSÈ, cit.

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Antōniī Capitiensis verba 016
Il conflitto non si limita, naturalmente, al bisticcio tra i sessi: due diverse civiltà sono in gioco, l’una dominante, l’altra sopravvissuta (a causa della mancata dominazione dorica Attica cui si è accennato) nelle classi soggette., e il conflitto tra «antichi» e «nuovi» dèi nelle Eumenidi e nel Prometeo,30Sul conflitto tra antico e nuovo nei miti tragici si veda UNTERSTEINER, op. cit., pp. 117-174. Sullo scontro di opposte concezioni religiose in Eschilo v. K. REINHARDT, Aischylos Regisseur und Theologe, Bern, 1949; E. T. OWEN, The Harmony of Aeschylus, Toronto 1952. anch’esso menzionato più sopra, ne rende la profondità. La contraddittorietà additata nei miti dalla tragedia,31Così sembra pensare anche Aristotele, Poet. 1460 a 11 sgg.; 27-28; b 23-26. Si veda in proposito UNTERSTEINER, op. cit., pp. 115-117. come anche il contrasto tra morali opposte, non è, ovviamente, fine a se stessa: si tratta di lacerazioni della società attica trasportate nel mito,32Si veda in proposito MASARACCHIA, op. cit. e anche «Sul racconto della falsa morte di Oreste nell’Elettra di Sofocle», Rivista di cultura classica e medioevale, 1978, pp. 1027 sgg., alla p. 1040. e il dibattito tragico non ha senso se non come idealizzazione del dibattito democratico.33Cl. MOSSÉ, Le dottrine politiche in Grecia (ed. fr. 1969), Messina-Firenze 1973, pp. 42-43; C. M. BOWRA, Periclean Athens, London 1971, pp. 106-138; V. DI BENEDETTO, Euripide: teatro e società, Torino 1971, passim; T. LOMBARDI, «Le radici sociopolitiche del Prometeo eschileo», Il contributo, fasc. 1, 1986, pp. 5-18; «Influenze e defluenze dell’Atene periclea: Anassagora ed Euripide», in Forme del sapere, cit., pp. 223-248; A. BUCCOLO, «Logos dominatore e ingannatore: Ippolito contro Protagora», ivi, pp. 249-279. L’ascesa delle classi inferiori da Clistene in poi fa sì che il démos urbano, non so quanto consapevolmente, avverta le proprie radici contadine e pre-doriche, riscoprendo le radici stesse nella presenza ad Atene di culti piuttosto rari in Grecia (abbiamo visto che sono largamente presenti solo nell’incontaminata Arcadia); e che gli autori tragici, cogliendo nell’aria queste reminiscenze, presentino al loro pubblico la contraddizione tra antica e nuova mentalità. Nell’intera tragedia il discorso è duplice: il resto della Grecia, immemore delle sue più antiche tradizioni, prova orrore per l’arcaismo magico-agricolo, non potendo capirlo se non come pura trasgressione alla morale aristocratica; Atene invece è «la santa città di Pallade»34Eurīp., Elec. 1319-1320. in cui nulla e nessuno deve temere incomprensione o ingiustizie, «la città più, pia, l’unica che difende il forestiero perseguitato»,35Soph., Oed. Col., 260-262. inviolata (dall’invasione dorica, ovviamente) e perciò sacra a tutte le divinità senza distinzione;36Eur. Mēdēa, 824-855. Sull’ideale ateniese in Euripide si vedano: G. ZUNTZ, The Political Plays of Euripides, Manchester 1955; P. T. STEVENS, “Euripides and the Athenians”, Journal of Hellenic Studies, 76 (1956), pp, 87-94; R. GOOSSENS, Euripide et Athènes, Bruxelles 1952; DI BENEDETTO, op. cit.; P. CARRARA, Euripide: Eretteo, Firenze, 1977. fuori del mito, la terra che accoglie sia i culti olimpici, sia quelli pre-olimpici, vivendo da sempre, come si è visto, la contraddizione tra le due mentalità, che rispecchiano la sua anima «ionica» e la sua anima «pelasgica».37Sulla tragedia come eco della società ateniese si vedano: R. CANTARELLA, «Atene: la Polis e il teatro», in Dioniso, 39 (1965), pp. 39-55; C. DIANO, «Sfondo sociale e politico della tragedia greca antica», ivi, 43 (1969), pp. 119-137; G. CUCCHETTI, «Sfondo sodale e politico della tragedia nell’antichità classica», ivi, pp. 445-450; DI BENEDETTO, op. cit. ; J. CARRIÈRE, «La tragédie grecque, auxiliaire de la justice et de la politique», Studii Clasice, 15 (1973), pp. 13-21; P. WALCOT, Greek Drama in Its Theatrical and Social Context, Cardiff, 1976; LANZA, Il tiranno…, cit.; E. DEGANI, «La tragedia» in AA. VV., Storia e civiltà dei Greci III, Milano, 1979, pp, 255-310; LOMBARDI e BUCCOLO, opp. citt.; MASARACCHIA, Mito e realtà…, cit. In tal modo, per fermarsi ai temi tragici più noti, le Erinni, scacciate da Delfi come démoni infernali, vengono accettate ad Atene come benefici genii agricoli,38Si veda CAPITIENSIS, op. cit., pp. 262-263. così come probabilmente anche (per quanto possiamo arguire sul Liberato) il prima perseguitato Prometeo;39Ivi, pp. 263-265; e cfr, UNTERSTEINER, op. cit., pp. 155-156. Medea, tipica regina preellenica della fase caratterizzata dall’uccisione di interré fanciulli in luogo del re sacrificato annualmente per la mietitura,40Cfr. UNTERSTEINER, op. cit., p 132-133. appare a Corinto un mostro infanticida, ma Atene, dove Egeo l’accoglie obbedendo a un giuramento fatto per la Terra e eper il Sole,41Eurīp. Mēdēa, 746-755. la assolve da ogni colpa;42Eurīp. Mēd. 1384-1385. Artemide Taurica, a causa dei sacrifici umani che i barari le offrono, non è per i Greci di passaggio che una divinità macchiata di sangue e circondata di teschi,43Eurīp. Īphigenīa in Tauris, 72-74. mentre in Attica troverà la sua nuova sede nel santuario di Brauron, deve le donne ateniesi le offriranno il velo nuziale delle spose morte di parto, mentre il sacrificio cruento sarà sostituito dal simbolico tocco di una spada sul collo di un uomo.44Eurīp. Īph in T., 1435-1469. La città più maltrattata e più spesso accusata di incomprensione nella tragedia è Tebe,45SABBATUCCI, op. cit., pp. 111 sgg. l’eterna nemica a causa delle sue pretese sull’alleata Platea,46Hērod. VI, 108. Sul «simbolo-Platea» e sulla sua presenza nel ciclo tebano della tragedia cfr. SABBATUCCI, op. cit., pp. 102-103 e 111-113. abitata da quei Beoti il cui nome è per gli Ateniesi sinonimo di ottusità: a Tebe Edipo, il re-grano che sale al potere uccidendo il suo predecessore alla mietitura, che è sposo della regina alla semina e suo figlio allo spuntare dei primi germogli,47ROBERT, C. Oidipus. Geschichte eines poetisches Stoffs im griechischen Altertum, 2 voll., Berlin, 1915; UNTERSEINER, op. cit., pp. 136-154. è maledetto proprio per queste cose come parricida e incestuoso, e, finché rimane a Tebe, si condanna da solo per esse («sono nato da chi non dovevo, mi sono congiunto con chi non dovevo, ho ucciso chi non dovevo»),48Soph., Oed. Tyr. 1184-1185. cosi come verrà condannata sua figlia Antigone per il suo devoto rispetto ai canoni neolitici del legame di sangue e della sepoltura49Cfr. CAPITIENSIS, op. cit., pp. 260-261. e per la stessa ragione (nelle Supplici di Euripide) saranno perseguitate le madri dei caduti nell’assalto a Tebe; a Tebe Eracle, re sacrificatore di interré giovinetti come Medea, si maledice aspramente; ma Teseo, e cioè l’Atene ideale, accoglierà e difenderà tutti (Edipo in Sofocle,50SABBATUCCI, op. cit., pp. 164-165; CAPITIENSIS, op. cit., pp. 265-267. Eracle51CAPITIENSIS, op. cit., p. 268. e le madri52Si vedano in proposito: R. GOOSSENS, « Périclès et Thésée. À propos des Suppliantes d’Euripide », Bulletin de l’Association G. Budé, 35 (1932), pp. 9-40; S. MICHAELIS, Das ideal der attischen Demokratie in den »Hiketiden« des Euripides und im Epitaphios des Thukydides, Diss., Marburg, 1951. in Euripide) in nome della coesistenza tra vecchio e nuovo, tra religione ctonia e luminosa, tra morale popolare e aristocratica. Per la tragedia, in una Grecia a una sola anima, Atene è la città che possiede due anime in clflitto, anche se coesistenti.53Cfr. M. UNTERSTEINER, La fisiologia del mito, Milano, 1946, pp. 291-292; I sofisti, Torino, 1949, pp. 32-34; C. CORBATO, Sofisti e politica ad Atene durante la guerra del Peloponneso, Trieste, 1958, p. 4; MOSSÈ, cit.
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Iūra
(CC) 2025. Traducción de Ātrium Philosophicum de un escurridizo volumen editado en la colección «Las Ranas». La publicación de estos fragmentos promueve la difusión en castellano de la obra del profesor Capitiensis con fines académicos y de formación.

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Notas
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